Institucional

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Historia del Colegio

La idea de un Colegio como el San Juan el Precursor nace luego de la segunda guerra mundial cuando un joven seminarista inquieto por los problemas de la educación de la juventud de la época, esboza un ambicioso plan inspirado en la obra de Monseñor Flanagan (Town Boy's) en el estado de Nebraska (U.S.A.). Pocos años más tarde, un grupo de familias de San Isidro, preocupadas por la situación imperante en el país en la década del cincuenta, reflejada particularmente en el campo de la educación, se interesan por constituir un instituto de enseñanza en el que se preserven los principios más caros de nuestra tradición de fe cristiana y los más puros valores de nuestra nacionalidad.

A la sombra del Movimiento Familiar Cristiano estos matrimonios y aquel seminarista, ya sacerdote, el Pbro. Jorge F. Castagnet, tuvieron oportunidad de comunicarse sus pensamientos e ideales. Hechas las confrontaciones y armonizados los planes, se fue perfilando con nítidos caracteres el colegio soñado.

Fueron varias las reuniones en donde se analizaba el proyecto a los efectos de darle una concreción inmediata; y durante el transcurso de estos encuentros fueron incorporándose nuevos y entusiastas adherentes.

Se quiso que el mismo nombre del instituto fuera ya una síntesis y un símbolo del programa educativo a desarrollar. La propuesta de que fuese la figura del denodado precursor de Cristo, que con gesto decidido se lanzó por los caminos de Israel a preparar el advenimiento del Señor, contó con unánime aprobación. El Colegio tenía ya un nombre: SAN JUAN EL PRECURSOR y sus futuros alumnos una figura relevante en la cual inspirar sus vidas.

De inmediato se hizo imprescindible encontrar un lugar que fuera escenario de todas las actividades propias de la obra puesta ya en marcha. Fue así como se decidió la compra de una espaciosa residencia ubicada en el Barrio Parque Aguirre, en la intersección de las calles Labardén y Obligado de San Isidro. Esta primera adquisición significó un notable esfuerzo pecuniario y el sacrificio personal de parte de un reducido grupo de gente que se hizo legalmente responsable de ese paso fundamental en la concreción de la obra emprendida. A este esfuerzo se sumó el trabajo personal de muchos que colaboraron en la transformación de una mansión familiar en el edificio adecuado para el desarrollo de las actividades escolares, así como de su bien cuidado parque en un amplio y despejado patio de recreo en donde los alumnos pudieran realizar sus juegos y deportes.

Las señoras de los co-fundadores del Colegio tuvieron un papel importantísimo en las tareas de la instalación del mismo, en la búsqueda de socios y en la financiación de los difíciles primeros tiempos.

Transcurrido el período de organización, el 5 de mayo de 1956, se llevó a cabo el acto inaugural del nuevo colegio. Con tal motivo el Rector General, Pbro. Jorge F. Castagnet, celebró la Santa Misa en presencia del Emmo. Cardenal Santiago Luis Copello quien procedió luego a la bendición de las instalaciones y dirigió breves palabras augurales a la concurrencia. Asimismo el primer presidente, el señor Antonio Mieres, pronunció un discurso en el que reseñó los principales propósitos que animaban la fundación del flamante colegio.

Llegó por fin el día inicial de las clases en SAN JUAN EL PRECURSOR: 14 de mayo de 1956 (Se impone una aclaración respecto a una tan inusitada fecha de comienzo de un ciclo lectivo. En aquel tristemente memorable verano, el país sufrió el terrible flagelo de la poliomielitis que tantas víctimas cobró. Fue por esta razón que las autoridades educativas en armonía con las que velan por la salud de la población resolvieron demorar la apertura del año escolar hasta la fecha mencionada).

El Colegio se abría con el nivel primario completo con un total de 167 alumnos y un primer año del Ciclo Básico del Bachillerato Común integrado por una veintena de estudiantes.

La vieja casa de la calle Labardén 102 se vio de pronto cubierta de decenas de rostros infantiles que constituían ahora la viva presencia de tantas ilusiones largamente acariciadas por sus padres.

Desde aquellos lejanos días transcurrieron hasta el presente 58 años. En este tiempo el Colegio vivió toda suerte de emociones: muy gratas unas, dolorosas otras; tuvo períodos de avances definidos y otros de lentitud en su marcha. Pero los ideales iniciales lo guiaron siempre como un faro y le marcaron claramente el rumbo que no supo nunca de desvíos ni claudicaciones. Este derrotero no hubiera sido posible sin la generosa dedicación de tantos docentes y colaboradores. 

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